Cuando el general Pinochet entró a la Clínica de Londres, el memorable día de 1998 en que la justicia española lo reclamó a juicio, no sabía él que se trataba de un hospital de lunáticos. En el jardín interior vio a unos señores ingleses que paseaban en silencio. Se acercó a uno de ellos, y le dijo:
-Buenos días -y le tendió la mano-. Soy el general Pinochet.
El otro se la estrechó, lo miró a los ojos, y respondió:
-Yo también soy el general Pinochet.
Se encontró con su clon y después de cinco minutos, que se miraban fijamente a los ojos sin que nadie dé ventajas, el chileno le ofrece al inglés ir a tomarse unas cervezas, para intercambiar historias sobre qué hacer con Chile.
No hay comentarios:
Publicar un comentario